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La política argentina y su mayor dilema

Por Aldo Neri

El mayor dilema de la política argentina es la cuestión social y ni el oficialismo ni parte de la oposición asumen las incomodidades que resultan. No difieren mucho en su comprensión de la sociedad, lo que se evidencia en el momento de proponer reformas. Todos coinciden en el objetivo de erradicar la pobreza y atemperar la desigualdad (esto último con énfasis sospechosamente distintos). Pero los remedios sugeridos no difieren tanto. Y aunque se escucha que somos una sociedad dividida en dos, una próspera y otra marginada, lo que se escucha menos son sus consecuencias políticas.

Se cree que el crecimiento económico generará blanqueo de la informalidad laboral, expansión de la seguridad social tradicional y buenos salarios, y que, sumándole mucha educación, es la fórmula de la felicidad. Pero la fórmula que sirvió antes no alcanza ahora.

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Bernardo Grinspun – In Memoriam – 1996 – 11 de Octubre – 2011

 

 

La Evocación de un espíritu inquieto
La convicción de un Ideario
La dignidad de una Lucha
La ejemplaridad de un Testimonio

Bernardo Grinspun entendía que la ciencia económica debía estar al servicio de la política económica; que ésta no era más que una extensión de la acción política; que la praxis política era la forma de gestión ejecutiva concreta del Discurso -y la Palabra, su instrumento-; que el Discurso era la construcción indisoluble, inescindible de la doctrina; y ésta, la formulación principista de las convicciones y la propia ideología. Finalmente, la ideología no era para él otra entidad que el ámbito propio, identificado, perteneciente de realización individual y colectiva: la expresión funcional de la utopía. Leer más »

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A manera de presentación

Tenemos hoy el enorme honor de presentarles el Nuevo Instituto de Políticas Públicas del Comité Provincia. Venimos con esto a llenar una necesidad imperiosa en nuestro camino para volver a ser gobierno: la de generar para nuestra sociedad las respuestas inteligentes, necesarias, eficientes y doctrinarias que nuestro Partido ha sabido dar en los momentos más difíciles de la historia.

Estamos creando un ámbito específico de mejora, de creación de buenas prácticas, un centro de reflexión y debate. Este es un nuevo/viejo espacio de reflexión, de participación, de creación entendiéndola como lugar para la creatividad, de investigación. El Instituto será una herramienta para contribuir a la generación de las políticas, contribuyendo a lo que no es más que la misma razón de ser de los partidos desde su origen: ser la polea de transmisión entre la sociedad y sus gobernantes. Ser el corazón que mueve a la dirigencia, ser el espacio social donde se plantean y resuelven las necesidades del conjunto, donde se discuten y profundizan los temas, donde se generan las ideas que darán sustento a una acción de gobierno.

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La desobediencia de Grinspun era su radicalismo

Bernardo Grinspun no fue un accidente, sino una consecuencia natural de su formación doctrinaria Radical y de una acción política desarrollada en, y arropada por, el radicalismo. Su desobediencia en su vida pública, tanto como a lo largo de toda su vida militante, no lo fue a su pertenencia política, sino a los poderes constituidos que cuestionó. Y la suya no fue una circunstancia azarosa de pertenencias o banderías partidarias: Grinspun fue un producto militante ideológica, doctrinaria y políticamente Radical, constitutivamente Radical.

Néstor Restivo y Horacio Rovelli acaban de lanzar el pasado día 22 el libro intitulado: “El Accidente Grinspun: un Ministro desobediente” a cuyos contenidos hicieron referencia en un artículo del número anterior de “Cash”. Allí desarrollan una tesis que explicitan desde el mismísimo primer párrafo del libro: “Entre el Rodrigazo de 1975 … y la crisis de 1998-2002, la única excepción a las políticas de ajuste y de valorización financiera fue la que impulsó Bernardo Grinspun, el primer ministro de Economía de la democracia renacida a fines de 1983”. Con toda humildad de simple lector, yo me atrevería a agregar que, con dos esporádicas excepciones: la del período 1963/66 de la Presidencia de Arturo Illia, bajo las gestiones de los ministros Blanco y Pugliese, en las que Grinspun, como parte de un equipo de economistas radicales jóvenes de entonces (los “Jóvenes Turcos”), tuvo una participación preponderante; y la del período 1973/74 de las Presidencias de Cámpora / Perón (3a presidencia), bajo la gestión común de Gelbard, esa tesis es extensible hacia atrás hasta por lo menos el año 1952/53.

Pero la ocurrencia de que en nuestra historia económica contemporánea no se haya ponderado debidamente como proyecto de nación –con su consecuente secuela de estancamiento- la importancia estratégica (y de equidad social) de disponer de un mercado interno en expansión –Grinspun decía, y con verdad histórica, que todas las grandes potencias mundiales habían basado su poderío en la generación y consolidación de sus mercados domésticos-, no implica que las excepciones seguidas a la norma y, entre ellas, la emergencia de la persona política de Grinspun haya sido accidental. Si bien el libro se concentra en la gestión ministerial de Grinspun, y a pesar de que, correspondientemente, introduce un encuadre, ligero pero bien documentado, de su trayectoria previa, la caracterización histórica accidental que desarrolla como tesis principal no se condice con aquella trayectoria, ni por lo tanto, con su identidad doctrinaria y partidaria.

Aunque elogioso de la honestidad intelectual del trabajo y sensible al reconocimiento que el libro hace de su figura política, sobre aquella tesis es que yo vengo a replicar aquí.

Grinspun no es un evento esporádico o casual en el escenario partidocrático nacional de la segunda mitad del siglo pasado, ni un acontecimiento individual, ni ajeno a su pertenencia política, ni mucho menos al proyecto del cual él fue parte constructora y ejecutiva activa y sustancial, y que lideró políticamente Alfonsín. Grinspun fue el emergente circunstancial de un cuerpo de doctrina que comenzó cimentando en sus años mozos entre los cuadros de la Juventud Radical de Avellaneda cuando el radicalismo que lo cobijaba venía reformulando su conciencia pública partidaria en la intransigencia del gobierno sabattinista de Córdoba (1936-1940) y en los acontecimientos partidarios renovadores del 42 y del 46 –los Congresos juveniles partidarios de la Provincia de Bs. As. en Chivilcoy (el “Grito de Chivilcoy”) y en Avellaneda. Y antes de ello, en el programa de la Juventud Radical de 1944, antecedente inmediato a la irrupción del Movimiento de Intransigencia y Renovación y del Programa de Avellaneda de 1945, con la Profesión de Fe Doctrinaria. A partir de allí, y de la derrota electoral del 46 (que contribuyera notablemente a erosionar la solidez de 

las posiciones Unionistas al interior del partido), la UCR, conservando el lenguaje ontológico yrigoyeniano y su filosofía ética, institucionalizó una refundación doctrinaria con los Programas partidarios de 1947 (1 Congreso Nacional de la Intransigencia, reunido en el Comité de Avellaneda) y de 1949, removiendo así de su evolución doctrinaria y política las rémoras de sus flancos más conservadores y antipersonalistas y pasando a cubrir el espacio vacante de un moderno partido socialdemócrata. Allí, en aquel movimientismo intransigente y renovador, comenzó ya a consolidarse la estructura ideológica, hasta entonces en juvenil formación, de Bernardo, imbuida de una definitiva influencia intelectual lebensohniana, armonizando el enfoque del liberalismo político-social romántico del siglo XIX, el humanismo kraussista de Yrigoyen y el socialismo no materialista dialéctico; ello, en armonía con el universalismo de su formación familiar. Se sintió plenamente identificado con el concepto de democracia económica que articuló por primera vez la Profesión de Fe Doctrinaria y, desde entonces, lo hizo una bandera moral inclaudicable a lo largo de toda su trayectoria pública.

Tal como refiere el libro, desde la Juventud partidaria de Avellaneda, Grinspun fue discípulo dilecto de Crisólogo Larralde, en cuyo magisterio vital se vería proyectado con pasión de discípulo y de doctrino. Si en el discurso lebensohniano, el Grinspun de su primera juventud había encontrado la articulación de las cuestiones económicas y sociales a la formulación genérica liberal de la democracia política, en la concepción doctrinaria larraldiana, el Grinspun de la Acción había encontrado la incorporación, a aquella cosmovisión integradora, de la función social del salario, la estabilidad laboral y la organización sindical única, pero democrática y participativa de las minorías, derechos laborales consagrados en el Artículo 14 bis de la Constitución Nacional.

Hacia finales de los años 50, a su intrínseco patrimonio doctrinario, Grinspun fue incorporando, desde sus primeras experiencias de posgraduado, una distintiva influencia del estructuralismo Cepalino sobre su formación técnica, promovida por su atracción al pensamiento que Prebisch inspirase, dirigiese y articulase desde la Secretaría Ejecutiva de la CEPAL, entre 1955 y 1963, y que diera lugar a la formulación de una teoría latinoamericana del desarrollo. Seguiría con fruición intelectual los desarrollos del ideario prebischiano y su influencia sobre la problemática entre comercio, integración y desarrollo económico y las restricciones al desarrollo que establecía el secular deterioro de los términos comerciales del intercambio, tesis que llevaría la posición prebischiana a elaborar sobre las causales estructurales de la dinámica centro-periferia. De esta manera, y bajo la égida también influyente de pensadores latinoamericanos como Osvaldo Sunkel, Aníbal Pinto, Celso Furtado, Felipe Herrera, Carlos Sanz de Santamaría, Helio Jaguaribe, Ricardo French-Davis, entre otros, Grinspun adheriría, y contribuiría luego con aportes propios en materia de comercio regional, planificación y financiamiento del desarrollo, a la visión periférica latinoamericanista del sistema global capitalista, que desentrañaría la formación, naturaleza y utilización del ahorro interno y plantearía la necesidad de que el Estado regule su uso social a través de la planificación democrática. Grinspun entendía el instrumento planificador no sólo como la manera de acrecentar el ritmo de acumulación y corregir progresivamente las disparidades distributivas de carácter estructural, sino, esencialmente, como el único que permitiría conciliar el establecimiento de un régimen institucional que garantice los derechos individuales, y de una organización social que posibilite su compatibilización con la internalización del crecimiento económico y la equidad distributiva, es decir un medio funcional a la síntesis entre libertad política e igualdad social que las socialdemocracias del mundo estaban intentando encontrar en el desarrollo del Estado del Bienestar.

Estos bagajes principales de su formación y de su experiencia aportó Grinspun al proyecto político y a la formulación programática de época, en 1983. No eran aportes 

personales, eran propios de su pertenencia política y de un cuerpo de doctrina que el Radicalismo enarbola ya por más de medio siglo, aunque no siempre cabalmente respetados. Son los mismos postulados esenciales que alimentaron la irrupción de Renovación y Cambio en el proyecto partidario a comienzos de los 70 y en la escena nacional, a partir de comienzos de los 80, y fueron la base política de rechazo, de manera permeable pero mucho más refractaria que el peronismo de época, a la penetración de los intereses de impunidad de la corporación militar y policial represora, a la restauración de los privilegios de la patria sindical, y al continuismo pretendido de las prerrogativas comunes del gran capital y de la corporación financiera, que el peronismo amparó a través de una oposición cerril e ingenua a la gestión gubernamental, y en particular, la económica.

Aquellos postulados que contextualizaron el surgimiento ministerial de Grinspun respondían a la conducción –que él mismo integraba- de un modelo político inescindible del liderazgo de Alfonsín. Sin embargo, hay que señalar que el factor crítico que el Gobierno enfrentaba, aún más allá de las fuerzas armadas y la banca vernácula en el frente doméstico, o por encima de la presión de la corporación financiera global en el frente externo, fue efectivamente el gran empresariado local, tanto nacional como transnacional, y sus intereses de apropiación rentística financiera. O en todo caso, la alianza implícita de ese empresariado y los bancos extranjeros con operación histórica en el mercado argentino, amalgamados en un interés común a partir de la nacionalización de los pasivos empresarios que –como se sabe- supusieron los seguros de cambio sobre la deuda externa privada y que, como bien cita el libro, Grinspun combatió frontalmente. No haber entendido ese “eje del mal” y no respaldar el combate de Grinspun en esa dirección creo que fue el gran error político del Gobierno alfonsinista. Es innegable que hubo batallas políticas hacia su interior que reflejaron proyectos disímiles, lucha de intereses corporativos y presiones de los factores de poder, y que se hicieron más evidentes en sus matices de formulación de la política económica y las relaciones económicas internacionales (en particular en la relación con la Administración norteamericana) a partir de la salida de Grinspun del Gobierno. Él honró su pertinaz consistencia política, lo que le llevó oportunamente a expresarse enfáticamente hacia el interior de su Gobierno y de su partido y a sufrir allí cierto destrato político, pero acompañó con disciplinada organicidad, en pos de un objetivo trascendente que finalmente el Gobierno de transición concretó: consolidar en la nación una cultura democrática para los tiempos.

Ahora bien: si los mencionados componentes de la trayectoria de Grinspun son señalados en el libro (aunque con ligereza: “… el marco teórico en el cual se movía Grinspun –en los límites del reformismo radical, su techo ideológico-…”), ¿de dónde deviene entonces la naturaleza accidentológica de su tesis? ¿Cómo es posible entender la ocurrencia ministerial de Grinspun fuera de su trayectoria de acción política, pública y militante, y por tanto, por fuera del contexto de doctrina, de desarrollo político y de acción programática que respectivamente lo formó, le dio contención en la UCR y convergió en el proyecto político de 1983?

Sólo si no se pondera debidamente la real densidad de ese bagaje doctrinario Radical puede entenderse a Grinspun como contestatario a su Partido o desobediente a su Gobierno; y, a mi modesto entender, esta falta de coherencia lógica en el libro es la mayor vulnerabilidad conceptual que exhibe. Ello tiene, inevitablemente, el aroma de una interpretación histórica que arriesga ser sesgada por funcional al relato oficialista.

Grinspun fue, definitivamente, la resultante emergente de su militancia y del Partido que lo cobijó. Su lucha, que es la lucha de muchos correligionarios y compañeros de otras pertenencias partidarias, está aún pendiente de completarse y requiere de abordar un doble desafío. 

En primer lugar, caracterizar correctamente aquellas facetas falaces del orden político vigente, reivindicador de la conjugación de la justicia social con la independencia económica, pero engañosamente, con el respeto a las minorías políticas, el juego institucional que las ampare, la ejemplaridad en la gestión de la cosa pública y con la ética republicana. Pretenciosamente re-fundacional, lleva en realidad en su misma genealogía, un sesgo verticalista de uso y preservación endogámica del poder, que tiende a imponer una preeminencia unicista de pensamiento y de partido, aborreciendo así de la revolución democrática en el sentido Illista, prerrequisito -en la visión grinspuniana- de toda formulación de política igualitaria y de afirmación de democracia económica, al tiempo que reniega del republicanismo socialdemócrata propio del Estado de Bienestar (aún siendo que los tiempos que corren requieren de su revisión integral), permitiendo consolidar (o no revirtiendo) una estructura heredada de concentración y transnacionalización del capital, y cristalizando por vía clientelar (en vez de movilizar por vía de la dinamización educacional / laboral) la base dura de la estructura social pre-existente, consolidando así un piso (alto) de pobreza estructural.

En segundo lugar, y como requisito nacional ampliamente reconocido de poner en funcionamiento pleno un juego democrático de alternancias, el desafío de poner en valor la declamada importancia de la vigencia del radicalismo en el escenario político, contribuyendo a consolidar, en la vida interna del Partido y en su proyección propositiva a la nación, la actualización para estos tiempos de su tradición doctrinaria popular e intransigente. En ese sentido, la lucha y el ideario de Grinspun han de servir de referencia insoslayable a la reafirmación identitaria, para combatir la frustración presente en la acción desatendida y en la prédica desoída, y para repensar el contenido político y programático de una consolidación democrática transitiva desde la democracia normativa hacia la democracia social y económica, asegurando una lucha terminal contra la pobreza y la desigualdad, incrementando la participación funcional del trabajo en el ingreso nacional, recuperando la soberanía de decisión sobre nuestros recursos estratégicos, en particular los no renovables, y sobre nuestra organización económica, y sentando las bases materiales y sociales para un nuevo estadio del desarrollo económico inclusivo y sustentable.

Finalmente, para repensarnos, en nuestra condición paradigmática, y tratar de encontrar un sendero superador común a las grandes mayorías partidocráticas nacionales, puesto al servicio material y espiritual del interés general, como un desafío refundacional, en estos tiempos, de nuestra condición como Nación.

Sólo entonces la lucha política por el pensamiento nacional dejará de interpretarse, aún por quienes, genuinamente, participan muchas veces de ella, como arrebatos accidentales o discontinuidades históricas circunstanciales.

Gustavo Grinspun
Buenos Aires, 27 de Diciembre de 2011

 

Para descargar el artículo de presentación del libro aparecido en Página 12 haga clic aquí
Para descargar la réplica de Gustavo Grinspun publicada por Página 12 haga clic aquí 

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